Historia de un crimen

Nadie podía dar crédito. El ambiente, aún inundado de un aire putrefacto, pedía venganza. Loa objetos, pulcramente distribuidos, inmaculados, casi insultántemente ordenados. Intactos. Allí había pasado sus últimas horas, sin tener consciencia de que se le escapaban los minutos. Alguien debió advertirle que la muerte no avisa, quizás habría invertido en algo más productivo el día. Pero no. Nadie acudió a su encuentro. No hubo manos amigas.  En el mismo espacio donde decía, se sentía seguro, yacía un cadáver. Los miembros rígidos, formando un amasijo sanguinolento que se escapaba gota a gota del armario.

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Acerca de L.

No hay demasiado que decir. O quizás demasiado como para escribirlo todo.

Publicado el marzo 13, 2010 en Para leer. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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